Aquí Camila. Sin apodos, sin profesión, sin afanes de grados académicos.
Camila, la que pensé que había desaparecido omnubilada por lo que parecía ser un lugar que tenía ganado por el "talento" en algo, cosa que me costó mucho encontrar dada mi histórica baja autoestima por ser porra, por ser gorda, por ser muy "confrontacional", llorona, etc, etc, etc.
Pero no, no había desaparecido, estaba muy guardada en mí insistiendo en salir, insistiendo en que querer hacer nada o querer estar con los que amo no puede ser un crimen. Y lo logró, todo lo que no es amor desapareció de mi vida: a la mierda el trabajo, a la mierda las viejas de mierda que quieren que les chupe los pies para que ellas me "permitan" pertenecer al mundo de la generación o de reproducción de conocimiento, a la mierda las autoproclamadas "especialistas del lenguaje".
De hecho, después del derrumbe ocasionado por la Camila porra, empecé a pensar que este año había sido un fracaso, y seguido de eso la Camila confrontacional me dijo: ¿cómo puedes ser tan pastela de llorar porque dejarás de estar angustiada y frustrada?
En realidad sí. Es verdad. El llanto por el ego no es tristeza real.
Después de todo el año lamentarme por no poder hacer ejercicios, asistir a talletes de teatro o lo que sea, después de sentirme frustrada, ¿quería seguir sufriendo?
Nah.
Así que a reconciliarme y encontrar el amor por la Camila que es apartada y criticada por ser ella misma, la que tuvo cumpleaños sin invitados. Versión adulta, con sueldo y con preocupaciones más básicas en la vida, como estar con mis queridos y queridas, regalonear y escribir cosas gratuitas.
Total, siempre queda el sueño de la maestría en AD de la UBA.
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